Entrevista a Francisca Aguirre: “No se puede tener vida y no vivirla”
18 de Diciembre de 2009 por María Isla
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Su casa está repleta de cientos de libros, está casada con el poeta Félix Grande y ha conocido a los grandes autores de la literatura del siglo XX. Francisca Aguirre (79 años), poetisa e intelectual cultiva una obra que destila existencialismo y desgarro, fruto de la compleja vida que le ha tocado vivir.
Publicó su primer poemario con 42 años, ¿a qué se debe esta tardanza?
La verdad es que empecé a escribir en la adolescencia. Con veinte años leía a Pablo Neruda, a Miguel Hernández y a Vicente Alexandre. Luego, clandestinamente entraron en mi vida algunos poemas de Antonio Machado, de Blas de Otero y de César Vallejo. Un día me pasaron escritos de Gabriel Celaya, José Hierro y una traducción del poema Esperando a los bárbaros de Konstantinos Kavafis. A partir de ese momento me plantee escribir de otra manera, así que quemé toda la obra que tenía hasta entonces. Seis o siete años después comencé a escribir Ítaca, mi pequeño homenaje a los autores clásicos como Sófocles. Tardé mucho en que se publicara porque no paraba de corregirla. De hecho Luis Hernández me rogó que ya no la tocara más.
¿Cuándo descubrió su pasión por los libros?
De pequeña. La realidad que me rodeaba era terrible y me refugié en la lectura. Recuerdo que alquilábamos libros y leíamos todo lo que caía en nuestras manos, Dostoievski, Corín Tellado… Una de las obras que más me marcó fue Alicia en el país de las maravillas, ya que descubrí el milagro: que al igual que Alicia caía por la madriguera y aparecía en otra realidad, a mí me pasaba lo mismo al abrir un libro. Para mí eso fue mi tabla de salvación. Otros libros que me impresionaron de pequeña fueron El último mohicano y La isla del tesoro. Ya más adelante cuando vi esta última obra en el cine pensé: ¡Pero si la isla en mi cabeza es infinitamente mejor!
Su padre, el pintor Lorenzo Aguirre, fue condenado a muerte por el régimen de Franco, ¿qué recuerdos tiene de él?
Era un hombre muy inteligente, muy alegre y un gran pintor que aún no está reconocido. Estudió bellas artes, hizo carrera como policía durante la República, daba clases como catedrático y era muy conocido por su pensamiento librepensador. Era un bohemio y tenía un concepto de la legalidad muy grande. Cuando murió fue un golpe muy duro para mi familia, de hecho la Guerra Civil me marcó para siempre. No pudimos entender nada de lo que ocurrió. Aprendí que la vida va marcando sus estancias y sus instancias y que hay que tener humildad de recibir ayuda cuando se necesita y darla cuando la precisan los demás. También aprendí el concepto de solidaridad y que si valoras todas las cosas, se les puede sacar provecho. Lo que no se puede hacer es tener vida y no vivirla.
¿Cuáles son sus armas para enfrentarse a la realidad?
Con lo único que se cuenta es con la conducta. Hay gente que tiene demasiadas certezas y certidumbres. Pero lo único que vale es lo que hacemos y hay que avalarlo con la conducta. Hay que vivir con arreglo a lo que uno piensa. En mi caso tengo una ideología y actúo en consecuencia.
¿Se ha perdido la imaginación?
En la actualidad está relegada, aunque en todas las épocas ha habido crisis de imaginación. El problema reside en la cabeza. Los niños de hoy día son hijos de la facilidad, lo tienen todo. Pero el hecho de que en la vida no se tengan problemas provoca que desaparezca la capacidad de ambición, en el buen sentido. Hace que no te superes y no veas lo que eres capaz de hacer. Perder la curiosidad es fatídico, hay que interesarse por las cosas y pensar que la vida te puede dar sorpresas. No hay viejos, hay gente que ama la vida y quiere vivirla. Cuando las cosas eran más difíciles, tenías la sensación de que todo era más maravilloso. Recuerdo que mi abuela tenía una capacidad imaginativa asombrosa: siempre tenía una explicación mágica para todo lo que ocurría.
¿Qué opina de la literatura moderna?
Hay muchas obras que son muy interesantes, pero se ha de tener interés y querer divertirse. Leer es una gran aventura y a través de los libros se pueden conocer muchos aspectos de una cultura, como la sueca por ejemplo, y pueden servir de denuncia social. Recomiendo a los mayores que lean Juegos de la edad tardía de Luis Landero para que se den cuenta de lo bonito que es vivir.
La poesía es un género que infunde respeto. ¿Qué le diría a aquellas personas que tienen miedo de acercarse a ella?
En el arte como en el amor el excesivo respeto es perjudicial. Hay que atreverse y también atreverse a fracasar, pero antes hay que atreverse a escribir. En los grandes poemas siempre hay un aliento de vida magnífico. Actúan como verdaderos milagros y la poesía es como una lámpara encendida. De hecho, hay libros como, por ejemplo, los de Antonio Gamoneda que sirven en determinados momentos de la vida.
¿En qué situación se encuentran los mayores?
No me gusta generalizar porque hay que ver las condiciones en las que se encuentra cada uno. Pero sí que se puede aspirar a estar mejor. Lo que ocurre es que una cosa es tener conciencia y otra muy distinta es tener la sabiduría para aplicar esa conciencia. Hay gente mayor que no necesita afecto, sino que los atiendan y otros, en cambio, lo que precisan es saber que alguien se preocupa por ellos. Esa es la labor de los educadores y cuidadores que han de saber cuáles son las necesidades de cada uno. Lo que ocurre es que no todo el mundo está capacitado para ello. Cada persona mayor es un mundo, es diferente.
Y una de esas necesidades es el amor.
Mi marido y yo hemos visto cómo amigos escritores que estaban apagados, al enamorarse de nuevo han revivido, han resucitado. Enamorarse hace que rejuvenezcas por dentro. Ya lo decía Machado: “si eres joven por dentro, eres joven por fuera” y da igual que tengas setenta años.
¿Cómo está viviendo este periodo de madurez?
Muy bien porque tengo la suerte de tener a mi lado al compañero de mi vida. Y eso que hemos tenido una existencia compleja y complicada. Los dos hemos sido intelectuales, hemos vivido el Mayo del 68, la militancia política… Y tenemos una hija que ha heredado nuestra pasión por la literatura y la escritura. Además, hemos conocido a gente maravillosa e interesante que nos ha enriquecido mucho como Luis Rosales, que era un hombre extraordinario, a Gerardo Diego, a Antonio Buero Vallejo, a Antonio Muñoz Molina, a Miguel Delibes, a Julio Cortázar, a Juan Rulfo… De hecho, decían que ¡nuestra casa era la embajada de Argentina y de Perú!
De todas las personalidades que ha conocido, ¿cuál es la que más le ha llamado la atención?
Luis Rosales nos ha marcado tanto a mi marido como a mí de una manera moral. Nunca he conocido a una persona tan respetuosa con los demás y tan defensor de la libertad. De Julio Cortázar me llamaba la atención que era como un niño grande. Era lo menos literario que podías imaginar. Hablaba de boxeo, de jazz, de cotilleos…, de todo, menos de su obra. No quería ni oír hablar sobre su obra. Se sentía más cómodo con gente joven.
SOBRE FRANCISCA AGUIRRE
Nació en Alicante en 1930.
Es hija del pintor Lorenzo Aguirre.
Está casada con el poeta Félix Grande.
Ha recibido los premios de poesía Leopoldo Panero, Premio Ciudad de Irún y Premio Galiana, entre otros.
Sus obras más conocidas son: Ítaca, La otra música o Herida absurda.
Escribe también prosa.
Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, italiano, portugués y valenciano.
- Le apasionan los hermanos Machado.
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